Aspiraciones.

Hablando de las aspiraciones, no es que antes lo hubiese hecho, éste es el comienzo, lo que pasa es que siempre que se dice ‘hablando de…’ suele hacerse tras haber dicho algo que tuviera relación con lo que se va a decir, no sé si me explico, pero en éste caso no es así porque yo digo que: hablando de las aspiraciones… … es como se puede aclarar lo que sean éstas.

Ahora que ya está todo aclarado, y comprobamos que me podría haber ahorrado éstas lineas de aclaraciones y arrepentimientos si hubiese escrito la frase entera del tirón, desde un principio, podemos continuar con el objeto de nuestra atención, que hoy son las aspiraciones.

Todos tenemos aspiraciones. Manolo, el dios, con minúscula, del viento tuvo una aspiración incompatible con la vida no hace mucho, hace dos ‘post’ para ser exactos, que en éste caso es más fácil serlo, exactos, digo, que por ejemplo, cuando afirmamos que aquél señor de bigote es nuestro padre.

La mayor aspiración del hombre, así en general, dicen muchos que es realizarse como personas, y se refieren a tener buenos estudios, buenos trabajos, buenos coches, mejores casas, hijos, buenas relaciones con la familia y buena salud para disfrutarlo todo hasta que llegue la inevitable muerte y, si hay posibilidad, que no duela el trance hacia el otro mundo.

Más o menos se podría resumir en ésto. Pero cuando uno indaga singularmente acerca de las aspiraciones, la cosa cambia.

Si le preguntásemos a una persona que ya ha conseguido todo lo enumerado anteriormente, menos lo de morirse, porque si no, obviamente, no nos lo podría contar, a lo mejor nos dice que ya no tiene aspiraciones de ningún tipo, excepto la de morir dignamente. Pero si hacemos oídos al dicho que proclama que según has vivido, así morirás, la onda se torna honda, porque ya tendríamos que revisar la vida y obra del sujeto objeto de nuestro análisis aspiratorio para resolver las posibilidades que tendrá de llegar al eterno descanso con la justa honorabilidad. Lo que demuestra que el camino en el cual nos queremos adentrar es, evitando adjetivos pomposos, arduo de cojones.

Por lo que comenzaremos escolásticamente, con método, para no perdernos ni aturullarnos. Empezaremos por lo más sencillo e iremos adentrándonos hacia las profundidades aspiradoras en vueltas concéntricas, como deslizándonos en un dulce remolino, y nos dejaremos llevar por las bravas aguas de la filosofía Eumelviana hacia el oscuro fondo de la cuestión. A ver que elucidamos.

Y el principio no puede ser otro que empezar comprendiendo qué sea la aspiración en sus formas básicas y más familiares, y una de ellas, la que veo más próxima y a mano podría ser la mitad del sencillo y vital acto de respirar que no es el expirar.

Este principio no puede ser ajeno para nadie, tan conocido y tan nuestro que no puede ser mejor comienzo del que partir todos juntos hacia lo desconocido.

Reconoceremos otras formas de aspiración, sin riesgo de perdernos aun por elevados pensamientos ni elevadas cotas, nada más verlas a continuación, son las aspiraciones que realiza el personal de limpieza, las amas de casa, y los blogger en paro convertidos en maruja, como un servidor, encantado. Hablo de las aspiraciones forzosas, que suelen ser higiénicas. Se han dado casos extremos, esto puede servir para ejemplar lo que queremos decir:

Esperas una visita importantísima y descubres, apenas con tiempo, que la moqueta yace llena de madalenas debido a que la niña ha estado jugando a Hansel y Gretel y ha dejado un rastro de miguitas de pan para no perderse por el salón, y también hay migas de goma de borrar del niño que ha estado haciendo los deberes sin parar de equivocarse, y migas que ha lanzado la abuela que aun se cree que vive en el campo y tiene gallinas que alimentar. ¡Oh cielos, qué horror!. En ese momento te llega la inspiración a través de la representación mental de un aspirador tragándose todas esas migas en un momento y casi sin esfuerzo, lo que se dice una aspiración en toda regla, y es entonces cuando aspiras de emoción, ¡Uf!, que es otra forma de aspiración, más aérea, si cabe, y te lanzas, tarjeta VISA en mano, al centro comercial más cercano a la compra del aspirador más potente. ¡Estás salvado!.

No quería hablar de mí, pero ya que ha salido el tema, y si no lo saco yo, confesaré que en éstos tiempos que corren, con los pies encallados, llenos de crisis, no aspiro mas que el suelo de mi casa, porque aspirar a un trabajo, ya no digo digno, ni Diego, si no uno real, mal pagado y abusivo, un trabajillo de mil-eurista, es cosa de utopía gorda, platoniana.

Sigamos al turrón, que es duro de roer, pero muy dulce el cabrón.

La aspiración también puede aparecer en forma de pajilla, caña, tubo, o billete enrollado, llámese como se quiera al auxiliar objeto que se utiliza para originar la corriente de un fluido, o sólido pulverizado, mediante la producción de una baja presión hacia el interior del organismo desde los orificios bucal o nasal. Otros usos me son desconocidos, empero me gustaría seguir en la ignorancia.

La aspiración cobra un mayor significado cuando hablamos de los catadores profesionales, ya sean de licores di-vinos o de hediondeces sobacales, que haberlos ‘hay los’. Los catadores son raritos, por escasos en su especie y porque su máxima aspiración es la aspiración misma. Están dotados de narices perfectas, capacitadas para distinguir las más sutiles variaciones en los aromas que olisquean. Con éstos no vale decir, Yo no he sido el que ha expelido una olorosa ventosidad, porque serían capaz de descubrir al cobarde flatulento con pretensiones de mofeta entre cientos de culos malolientes. Otro tipo de aspiración etérea. Al lorito con ellos.

Llevamos ya mucho dilucidado, pero es mucho más lo que resta por dilucidar. Aspiramos llegar a las estrellas, casi lo prometimos, pero de nuevo comprobamos, una vez más, que el cielo no se puede abrazar de un solo abrazo, por muy largos que tengamos los brazos. Creo que no puedo aspirar más de lo que cabe en mis pulmones, aunque lo pueda creer, que eso no cuesta pero te deja en muy buena disposición de poderlo conseguir. Que las cosas gratis, como soñar e imaginar, odiar o amar, también traen placeres, si no tan intensos como los de pago, que va a ser que sí, sí más puros y duraderos. Por eso ahora no vamos a pretender desvelar todos los enigmas de la aspiración en cuatro lineas. Ya habrá tiempo, más adelante, para traspasar la superficialidad y penetrar de lleno en la materia.

Para finalizar y poner broche de oro, citaremos lo que otros, más sabios y cultos que yo, han dicho acerca de las aspiraciones.

‘Elegimos cada día lo que somos, lo que hacemos y a lo que aspiramos’
Anónimo.

‘Los que obran bien son los únicos que pueden aspirar en la vida a la felicidad’
Aristóteles.

‘El mas acerbo dolor entre los hombres es el de aspirar mucho y no poder nada’
Herodoto.

‘Hay que tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas’
H. Stein

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