La búsqueda.

Durante casi un año estuve leyendo, cerca de diez horas diarias, en la tranquilidad del campo, a Platón, a Aristóteles, a Séneca, a Marco Aurelio, a San Agustín, a Descartes, a Santa teresa, a Nietzsche, a Don Miguel de Unamuno, a Goethe, a Ortega y Gasset, a Lao-Tse, a Ramón Panikkar, a Cela, a Maugham, a Herman Hesse, a Huxley, a María Zambrano, a Benito Pérez Galdós, a Simone de Beabeaur, a Delibes, y a tantos otros que dejaré en el tintero por no recordarlos ahora.
Qué buscaba, con tanto afán como le puse, en aquellos libros, es, aún hoy, un misterio para mí.
Podría decirse que buscaba saber. Pero saber para qué. Porque los autores que he citado, todos sabían muchas cosas, pero lo que a mí me interesaba no han sabido decírmelo.
Habré podido aprender muchas cosas que antes no sabía, muchas de ellas muy importantes, y también, no digo que no, habrán influído en mi forma de pensar, por fuerza, todas esas lecciones de los grandes maestros.
He aprendido a cerca del hombre casi todo lo necesario que hay que aprender, si se quiere ir con cierta seguridad por la vida, pero de todo lo que he aprendido, nada me ha servido para resolver con soltura lo que yo buscaba.
Estoy en un gran dilema.
Antes no sabía que quería saber, y no tenía tantos problemas, pero ahora la cosa es diferente, pués ya no hay marcha atrás. Ya no puedo desaprender lo que sé, volver atrás, al principio de todo ésto, y actuar como si nada hubiese pasado.
Sí, ahora se muchísimas cosas que antes ignoraba, pero el problema vital sigue en el aire por resolver. Y cuál es ese esquivo conocimiento del que hablo, pués, como decía Ortega, el problema de nuestro tiempo, la circunstancia de cada uno, lo que uno es, aquello que es el hombre.
Busco una salida, una vía de escape a la vulgaridad de éste mundo, a sus defectos, a sus miedos, a sus mitos, a sus amenazas, y recogerme en algún lugar seguro, a salvo de las fluctuaciones temporales que son el ser de las vidas.
Busco, tal vez, la serenidad del alma que nos adjudican a los humanos, (hay muchos que andan por la vida desalmados). O tal vez busque al hombre que algunos dicen llevamos dentro, en lo más profundo del ser, ese hombre nuevo al que se refieren algunos…
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