Soledad.

Soledad, Soledad mía, mi Soledad…
Quiero romper una lanza en favor de la Soledad, a la que tantos odian, de la que tantos salen corriendo con sólo presentirla rondando cerca. Muchos salen despavoridos, agarrandose la cabeza con las manos, gritando y blasfemando cuando han estado en su compañía. Y es que en verdad no la conocen. Ella es el abono de los artistas, el pozo de inspiración donde van a saciar su sed los poetas, el escenario donde el pintor crea, lo que el escritor más desea…
Yo veo en ella el único medio hacia el interior de uno mismo, pero tambien el fin último. Ella nos acompaña siempre, aunque no nos percatemos.
Decía Unamuno:
“Estás solo, mucho más solo de lo que te figuras, y aun así no estás sino en camino de la absoluta, de la completa, de la verdadera soledad. La absoluta, la completa, la verdadera soledad consiste en no estar ni aun consigo mismo. Y no estarás de veras completa y absolutamente solo hasta que no te despojes de ti mismo, al borde del sepulcro. ¡Santa soledad!”.
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