El hombre maruja. (especie en alza).

Quiero romper otra lanza, para ver si así, rompiendolas todas, acabamos con la guerra, a favor de los que faenamos en casa, además de en el trabajo. Porque, queridos amigos, también existe la minoría de los “men” que pasan el aspirador en pijama, cambian pañales hasta arriba de cacas, ponen lavadoras a destajo sin que se mezclen los colores, (ojo que a muchas les pasa), y quitan más polvo del que puedan echar en su vida, además de preparar biberones, purés, meriendas, etc, y quitar los pelos de la bañera, del lababo y del “bidel”, (como diria el Richar), limpiar la grasa de la vitro, en fin, todo aquello que antes solo estaba reservado a las mujeres y vedado a la noble causa de “ser hombre”.
Pues bien, por ellos, por nosotros, por los que no huimos del peligro ni eludimos responsabilidades, por todos, quiero reivindicar una fecha para el “dia del amo de casa” y que lo promulguen como fiesta nacional.
Probablemente aun seamos una minoria, mal mirados por los que no pegan palo al agua y soñados por una gran inmensa mayoría de mujeres hartas ya de lavarle los gallumbos al “compañero”, pero no nos desanimamos porque sabemos que la fama cuesta, que hay que sudar para conseguirla…algún día tendremos la fama y el reconocimiento que nos merecemos por nuestras labores, labores que quedan relegadas al anonimato del hogar, a las cosas que haces en privado, como sacarte los mocos o tirarte un pedo.
Esto nuestro es algo más, amigos, es una labor que el hombre del nuevo milenio acepta con orgullo, como un guardia civil gay que sale del armario, con arrojo y valentía. No tenemos miedo de contar en el trabajo a lo que dedicamos el poco tiempo que nos queda. Hace tiempo, cuando solo eramos unos pocos los que nos dedicabamos a esto, que incluso los hay que bordan y hacen en punto de cruz cuadros maravillosos para la habitacion de sus hijos, como decía, cuando eramos pocos se reían de nosotros al contarlo y nos insultaban, nos decían con sus roncas voces producto de los soles y sombras que tomaron durante su carrera como machotes, que si éramos nenazas y cosas por el estilo. Aguantamos el tirón y ahora se acerca nuestro momento, nuestra lucha silenciosa con la fregona y el estropajo está a punto de dar sus frutos.
Unámonos todos juntos, hombres sin prejuicios del planeta y gritemos a coro lo que somos: ¡Hombres del futuro!.
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