Antes no veía, ahora nada veo. (Viaje hacia el interior de la nada, más allá de las entrañas).

Desaparece, por ventura, ese halo que cubría mis ojos llenándolos de ceguera y oscuridad. A la deriva y sin estrellas que me guíen, sólo, perdido en este mundo mío que se cuela en mi cabeza y la satura, y la rebosa. Sin compañía, me aventuro hacia lo que no veo, hacia mi nada.

Y entonces emerge furioso el latido de un corazón que se crece frente a las puertas entreabiertas del edén dorado, presentido, anhelado.

Qué mayor premio y qué peor castigo, para un alma que ha vagado a la deriva, dando tumbos y haciendo eses por un camino tedioso y lastimero, encontrarse allí, desnuda y sola.

Al fin y al cabo, ¿no estoy ahora en un pozo infinito lleno de nada?. ¿No es la soledad lo que buscaba?. ¿Al fin la poseo?. ¿O más bien ella a mí?. ¿Estoy dentro de ella y ella se ha instalado en mí?. ¿Soy su prisionero?.

Creo que no me revelaré; eso es prudencia. Lo que haré será fingir que la tolero, e incluso que me es grata su compañía. Sé que, al fin y al cabo, se acabará agotando y terminará por marcharse, o, por lo menos, no me dará la “brasa”.

Ya me ha pasado otras veces. Cuanto más me llegaba a angustiar, más me asfixiaba y más era la soledad que sobre mí pesaba. En el último momento siempre la vencía en cuanto dejaba de prestarle atención. Cuando dejaba de verla o entenderla como algo que me amenazaba.

Todo esta en mí, lo sé. Aun así la angustia y el temor no dejan de reaparecer. Unas veces toman una forma y otras vienen de improviso y sin forma aparente. Eso es lo peor. Cuando no sabes bien a qué te enfrentas.

La diferencia entre seguir invicto o perecer a manos de esas bestias sin faz estriba en la disposición de los sentidos. Según hacia donde estén vertidos, dedicados.

Porque después de haber dirigido mis sentidos hacia ese oscuro interior y de haber revuelto, de haber puesto patas arriba todo lo que allí encontré, no quedó otra cosa que la soledad y el vacío. El continente inexplorado. El recipiente en el cual se ha ido metiendo toda una vida, hora por hora, día por día.

Se podría decir que he llegado al fondo, que el camino se ha acabado. Pero eso seria un error. Hemos llegado a un albergue, no hemos llegado al destino.

Ahora la búsqueda de lo que sea no tiene imágenes, ni sonidos, ni palabras.

Después de haber vaciado todo aun queda la nada. Esa gran incomprendida. Con la que nadie cuenta. Si no fuera por la nada, qué habría.
Y que mejor disposición para enfrentarse a la nada que presentarse vacío. Conociendo y aceptando sus efectos. Viviendo de ella, de su fuerza totalizadora. Asimilándola y dejándola impregnar todos los poros del alma.
Que sea como el abrir una ventana para que el viento pueda renovar los aires. Y que el efecto sea como el recobrar la visión tras haberla perdido.

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Una respuesta a Antes no veía, ahora nada veo. (Viaje hacia el interior de la nada, más allá de las entrañas).

  1. frank dijo:

    Caminamos hasta el borde del precipicio.Tenemos miedo del viento.Cuando nos decidimos a saltar, nos acercamos al borde y miramos hacia abajo.Y nos vemos a nosotros mismos allá abajo, escalando trabajosamente hacia arriba.Me gustó!

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