Entre la realidad y la utopía. (Sueños de Primavera).

Soy un amante de la libertad y de la vida; de la libertad que encuentro en la soledad de las horas que al profano parecenle perdidas si no están gastadas en el bar del “coleguita”. Mis amigos están ciegos de tantas paridas.
La sociedad te lastra, te hace cojo y suicida, te amputa las alas con su ciencia, te ata a una causa que nos condena a destruir con saña la Naturaleza, lo sano que nos queda.
Te paralizan para rodar por tus huesos sus ruedas de progreso. Te clavan a una silla hasta que no produzcas más, o a una pala, o a un secador, o a una esquina de mala muerte. ¡Válgame Dios!.
Mi ser pacífico no quiere cadenas.
El instinto grita: “Esto no tiene sentido”. Pero el cuerpo yace preso por grilletes artificiales en una carcel sin vallas, sin puertas por donde escaparte.
Sales al maltrecho campo a por aire puro porque dentro hay humo. Pero al cabo, irremediablemente, vuelves. Como al establo vuelve el mulo.
Aqui tienes el coche, la casa y el televisor, la nevera repleta, el despertador, los ruidos de los vecinos molestos, los cotilleos marujiles y tu ordenador.
Ya no puedes vivir sin tu ración de contaminación. A veces creo que no somos más que las ratas de cloaca.
La calidad de vida es solamente una etiqueta, otro slogan más, otra venda en los ojos, otra soga que en el cuello te aprieta, otra ladilla que en los huevos te pica.
Desde el gallinero alguien te grita: “Si me votas ésto cambiará”.
Sí, claro; iremos todos en nuestras bicicletas, los semáforos desaparecerán de las carreteras y también, como no, las fronteras. No habrá señales de prohibición, los soldados se harán poetas y los generales liposupción en las cartucheras.
Los maridos no dejarán mujeres muertas en las viviendas, ni las familias a los abuelos en en la residencia, ni a los perros en la carretera.
Las bombas sólamente serán pompas, por supuesto, de jabón.
No me encontraré con medio Madrid en verano en Benidorm.
Los hijos gays de los curas divorciados se podrán casar y adoptar para formar una familia. Las mujeres oficiarán las misas y los hombres se plancharán sus camisas y coserán el bajo de su pantalón.
Mi vecino de arriba dejará de hacer ruidos con las sillas y con las mesas del salón.
Las palomas no se cagarán en el alfeizar de mi ventana, ni en la estatua de Colón. Los pañales de mi hijo serán más baratos que una barra de pan.
Cerrarán las oficinas del paro por falta de trabajo y los empresarios no te despedirán.
No harán falta diplomas que autoricen mi capacidad, ni exámenes que pongan en duda lo que pienso.
Los abogados irán todos al cielo y los políticos estarán de nuestro lado, al lado nuestro, contigo y conmigo, para ayudar.
Todas las almas cantarán la misma canción: “El amor ganó la Guerra”. Sin vencedores ni vencidos, sin pactos ni treguas, sólo una bandera. ¡Vivimos!.
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4 respuestas a Entre la realidad y la utopía. (Sueños de Primavera).

  1. jartos dijo:

    Sueños de primavera, así has titulado este post. Qué bonito sería. Con esas cuantas premisas que tu has dicho, ¡cuantas más cambiarían!.Me alegra que tengas esas buenas utopías.Un abrazo. Buen Camino.

  2. El caminante dijo:

    Siempre se pueden soñar cosas nuevas, en los sueños esta la esperanza, porque cuando dejamos de creer en los sueños solo nos queda la realidad…

  3. Come Visit Santa at his blog and tell him what you want for Christmas,

  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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