HUMANO. DEMASIADO HUMANO.

¡AVISO: ESTE RELATO PUEDE HERIR LA SENSIBILIDAD DE ALGUNOS ESPECTADORES!.
Si es usted una persona aprensiva, de esas que ignoran que la vida no solo se compone de cosas bellas y bonitas, agradables a los sentidos, no lea este relato. Tal vez pueda parecerles una grosería, tal vez una porquería; aunque lo que se relate forme parte indisoluble de la realidad cotidiana de la vida de todas las personas.

La suave espuma blanca desciende lentamente, como lava ladera abajo, recorriendo las curvas de su cuerpo desnudo y húmedo. Las diminutas gotas de agua que dispara la ducha chocan contra su pecho y rebotan hacia todas partes, hacia los azulejos, hacia la mampara, hacia el techo.
La esponja masajea primero el cuello, luego los hombros y la espalda. Vuelve a subir ahora por delante, hacia el pecho, para, siguiendo la ruta del ombligo, llegar al sexo.
(Aquí la cosa se demora más de lo necesario requerido para una buena higiene. En estos momentos el relato se detiene para observar lo que a continuación acontece).

[…].

Bien, prosigamos.
Continua la esponja bajando por los muslos, para llegar a las rodillas y posteriormente a los tobillos, los pies, etc.
Se cierra el grifo de la ducha. Las últimas gotas de agua se pierden por el negro agujero del desagüe. Sale de la bañera. Descuelga la toalla y se tapa con ella. Así, acurrucado, espera a que la toalla absorba el grueso de lo mojado.
Se destapa y se seca la cabeza, luego el cuerpo, la entrepierna (ahí se recrea, rememorando el último placer del orgasmo) y finalmente las piernas y entre los dedos de los pies.
Coge la prenda interior que previamente había dejado a mano y se la pone, ajustándosela bien al los pliegues corporales.
Se acerca al lavabo, se planta frente al espejo y se pone a cepillarse el pelo.
Un leve movimiento de tripas le da pie a tirarse un pedo. Levanta ligeramente el pie derecho y dispara sin miedo. No hay nadie en la casa que pueda escuchar el sonido atronador de tan fuerte descarga.
A los pocos segundos un olor fácilmente reconocible se eleva por la espalda, lenta y pesadamente. Es uno de esos gases espesos, concentrados en sí mismos, de esos que te obnubilan el sentido del olfato, de esos que te tiras un mes rememorando.
Giró la cabeza todo lo que pudo hacia atrás y comenzó a aspirarlo. Primero una aspiración lenta y profunda, hasta agotar la capacidad pulmonar. Soltando el aire hacia otro lado, para no desviar el caudal principal de la ruta ascendente del gas proveniente de donde la espalda pierde su nombre.
Volvió a girar la cabeza hacia la espalda, esta vez fueron aspiraciones rápidas y superficiales, como para rebañar lo que quedase.
Cuando hubo dado por finalizada la sesión de la emisión del gas intestinal, continuó peinándose. Hasta que otro retortijón traicionero, esta vez más fuerte, le hizo levantar la tapa del retrete, bajarse la prenda interior del tirón y sentarse a defecar urgentemente.
Parecía que tuviese una ametralladora en el ojete metida, cargada con perdigones de mierda, que al chocar contra las paredes interiores de la taza, rebotasen buscando una vía de escape, que al estar obstruída por las mismas posaderas que las lanzaron, quedasen allí estampadas sin remedio, aumentando el ensuciamiento normal que acontece en estos casos. Dicho de otro modo, le rebotó la mierda en el culo.
Cuando la munición se agotó dirigió la mano hacia el rollo de papel higienico, doble capa, super suave y con olor a rosas. Tiró de la punta del blanco papel y dobló el trozo que se desprendió fácilmente por la mitad, para hacerlo cuatro veces más resistente.
Mientras limpiaba de adentro hacia afuera su peludo ojete, el papel se le deshizo en los dedos, llenándose toda la mano de mierda. Una diarrea semejante no estaba contemplada en los planes de los técnicos de las fábricas de papel higiénico.
Llegados a éste punto se podría pensar que ya estaba todo perdido, que todo el pescado ya estaba vendido y que no podría ocurrir nada más desastroso que eso. Pero que va.
Cuando iba a coger otro trozo de papel para limpiarse la mano y los bajos, ocurrió que sólo estaba el canuto de cartón en el portarollos. No había más papel. Había gastado el último cartucho. Lo había malgastado. El apretón no le dió tiempo a preveer que había que proveer de recambio al portarollos.
Con el culo aún enfangado y también la mano, se levantó de la taza. Y como andan los pingüinos, ya que la prenda interior quedaba en los tobillos, se dirigió hacia el pequeño armario donde guardaba los rollos de repuesto.
El armario quedaba un tanto alto, por lo que tenía que subirse al bidet para alcanzarlos. Torpemente se encaramó al susodicho bidet, con tal mala pata que al levantar el brazo para alcanzar el tan necesario papel se resbaló hacia atrás y cayó de culo al suelo.
Me cago en tó, gritó. E inmediatamente, dandose cuenta de de la situación, comenzó a descojonarse de risa.

(Esta historia está basada en pedos reales. Se ha omitido el sexo y el nombre del/la protagonista para mantenerlo/la en el anonimato).

Esta entrada fue publicada en Relatos. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a HUMANO. DEMASIADO HUMANO.

  1. Ivana dijo:

    Me encontró bastante tu texto, digamos que me encontró, no yo a élCréeme, me hiciste salir una que otra carcajada que no estaba estipulada para el día, más bien la noche de hoy.Sola, trabajando, y feliz de visitarte.

  2. Silent dijo:

    jajajajaja, gracias por hacerme reir….

  3. El caminante dijo:

    Buenisimo,oye tenia como dos meses de no visitarte, porque mi vida cambio radicalmente si quieres ver los detalles date la vuelta por mi blog.Saludos blogueros

  4. Olibana dijo:

    jajaja ¡qué bueno! casi me cago de la risa…

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s