Ríos.

Van pasando los años y la vida sigue su misterioso curso hacia adelante. Hacia un futuro siempre incierto. Un futuro incitador de vanas esperanzas y suspiros profundos. Suspiros que salen de débiles pechos, imitando la forma de otros tantos ya vertidos. Siempre son infértiles e infructuosos.
Van pasando los años y las gentes siguen recorriendo a ciegas el curso de sus ríos, dejándose llevar por la caprichosa corriente. Ahora por ésta bifurcacíon, ahora por aquella otra. Muchos quedan atrapados entre las ramas de algún tronco que también quedó atrapado. Otros, cansados ya de navegar, se acercan como pueden a la orilla y allí agotan sus últimos días, soñando con el “qué hubiera pasado si hubiese seguido navegando”, o con el “no navegaré más en la vida aunque lo desee tanto”.
Sólo los previsores, los atentos y los valientes se acercarán al remanso, cuando sus ríos, ya agotados, hayan desembocado en sus correspondientes mares.

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