España herida.

España está grávemente enferma por una herida abierta que nadie ha tenido, hasta ahora, valor para curarla. Como toda herida abierta y expuesta a las inclemencias de los tiempos siempre cambiantes, la propensión a las infecciones, a los virus que vienen del exterior en busca de un nido caliente y sangre, cada día es mayor. La herida alcanza ya unos niveles muy elevados de putrefacción, la podredumbre abarca vastas extensiones y continúa creciendo. No basta con ponerse guantes para no mancharse. Si se quiere extirpar el mal de raíz hay que pringarse, meterse en el fango y bucear hasta las causas primeras, que son las causantes de todo éste laberinto burocráticoadministrativo y fisicoambiental tan estresante, por el cual tenemos que navegar de continuo y a brazo partido, sin dejar de bregar hacia las corrientes marcadas, tórpemente, por personajillos de temblorosas manos y cabezas gachas, incapaces de avistar cualquier horizonte, que maldibujan en el mapa las rutas dictadas por otros personajillos que pisan uno o varios peldaños más arriba el escalafón ese de las narices que nos tiene esclavizados.
Estos son los que tienen todas éstas ideas repajoleras. De lo único que entienden éstos parásitos carroñeros es de su ombligo. La palabra honestidad, no aparece en sus egocéntricos diccionarios de bolsillo, ni se refleja en sus ojos cuando hablan de ella.
Son los que sólo hablan, los que trabajan hablando sin dar palo al agua, sin saber de primera mano de lo que hablan, los que están arruinando ésta herida que es España.
Yo he crecido creyendo que el pueblo mandaba. Que si el pueblo se unía en una sóla voz ésta era la más alta y la que predominaba. Aún lo sigo creyendo. Lo que ocurre es que la putrefacción reinante, y el caos que esto genera en las partes sanas, hacen que ésto no sea posible, de momento, ya que la pus crea una capa opaca que no permite ver más allá de ella. Y digo “de momento” porque la Naturaleza ha dotado a los seres con mecanismos de defensa para repeler el ataque, tenemos a los anticuerpos, a las plaquetas y un montón de buenos medicamentos y recetas.
El pueblo se está organizando subrepticiamente, pero a la vista de todos. Es un hecho. El pueblo no se conforma ya con los caramelos, el pueblo crece, quieran o no los papás, y demanda equilibrio e igualdad de condiciones.
El pueblo ha adquirido conciencia y madurez suficientes para reivindicar lo que le pertenece.
El pueblo comienza a darse cuenta de la desfachatez con que hasta ahora se le estaba tratando.
El pueblo ya no se calla. La revolución caerá por su propio peso. Las leyes de la Naturaleza se impondrán para traer de nuevo la vida al equilibrio.
Es así, y no podrá ser de otra manera.
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