Relato nómada.

El relato nómada, o narración peregrina, siempre comienza en un punto indeterminado, proviene de ninguna parte y hacia allí se encamina siempre su destino. No esperen nada, ni pies ni cabeza, ni informe ni forma, ni principio ni final, solo veamos como pasa y quedemos cada uno con la impresión que produzca. Ahí viene ya.

Comienzo con la mosca que no para de revolotear alrededor de la bombilla del techo. No hay lámpara, solo un casquillo oxidado sujeto por dos anoréxicos cables, cables que en un tiempo fueron puramente blancos pero que el paso de los años ha teñido de un grasiento amarillo sucio.

No se sabe de dónde, pero aparece otra mosca. Sin aparato aumentador, piénsese en lupa, microscopio, culo de vaso o de botella, que nos descubra las sutiles diferencias entre insectos, a simple vista, digo, podríamos anunciar que ésta nueva mosca es gemela de la primera, y si no gemela, por lo menos, melliza o, como mínimo, hermana. Esta nueva mosca se une al vuelo de la primera alrededor de la fuente eléctrica de luz, y, como astros que siguen obedientemente las órbitas establecidas, sincronizan su vuelo circular, cada una en su elipse. Así estarán hasta que alguien apague la luz y ya no sea posible verlas, a no ser que el que mirase tuviese en los ojos un artefacto de esos que te permiten ver toda de verde luminoso la oscuridad. Pero ahora siguen revoloteando, cual planetas alrededor del Sol, nadie hay aun que pretenda apagar un sol de cincuenta temblorosos vatios, con una capa de suciedad en la superficie cristalina capaz de reducir la luminosidad en un cincuenta por ciento, escasa luz hasta para estar a oscuras, si es que eso se puede decir, porque escribirse sí que se puede, está claro.

Si las moscas éstas en vez de estar girando por ésta bombilla lo estuviesen haciendo por una bombilla de mi pueblo, ya habrían caído secas de un manotazo, o de un certero golpe de trapo de cocina. Pero las condenadas tienen suerte de estar en otro lugar, ¡adivina dónde, que ésto es artificio de la ficción!, viviendo una experiencia que para una mosca debe de ser como para un hombre fornicar hasta la eyaculación cada vez que lo desee y con quien desee, sin posteriores obligaciones y sin tener que acordarse de los nombres. ¿Acaso importan los nombres?, dirá el gracioso de turno, ese que en su vida ha oído su nombre en labios de una mujer, y que jamás copulará con ninguna fémina digna de llamarse mujer, sin pagar, y ni siquiera pagando, porque hay hombres que no los quieren ni las putas, que éstas sí son, sin duda, nobles y dignas candidatas para darles el bello título de mujer. Pero, bien cierto es, que también hay mujeres de dudosas intenciones que no las quiere ningún macho digno de llamarse hombre, aunque le paguen a éste por que ella le haga lo que normalmente pagaría él por hacer con ella.

Bueno, ¡basta ya!, que me está pasando como a las moscas, estoy comenzando a escribir en círculo, y, de continuar así, por este camino redondo, terminará éste en vicioso.

Las moscas son las que están viciadas, acabarán haciendo dos surcos en el aire de tanto pasar sobre el mismo espacio una y otra vez, surco que después habrá que rellenar para dar continuidad a lo que, por repetición viciosa, la ha perdido, si es que eso pueda llevarse acabo, que escribirse sí que se puede, también está claro, y, con éste, son dos, ya, los casos de complicada puesta en práctica de una dudosa teoría.

El caso principal, ése, aún no lo hemos revelado. Tal vez porque vamos lentos y dando rodeo, como van los nómadas, sin prisa por llegar a ninguna parte y sin más aspiraciones que las justas para no morir de asfixia. Dando rodeos se hace más largo el camino y da más de sí el tiempo para pensar, para estar con nosotros mismos, si es que hacer eso, estar solo con nosotros mismos, no nos da miedo. Yo, a modo de precaución ante la soledad extrema, perdonen mi cobardía, me he hecho acompañar, desde el principio de éste viaje, lleno de vericuetos y rodeos, de dos moscas, por lo que no puedo decir con justicia verdadera, con absoluta certeza y falta de incertidumbre, que esté totalmente solo. Una sola mosca ya sería compañía, ¡pero somos tres!, las dos moscas y yo, ¡una multitud!.

Como decía yo cuando era joven y rebelde: ‘se me va la pinza’, o ‘se me pira la olla’, o ‘se me va la olla y ‘se me pira la pinza’, lo decía según me venía la inspiración en cada momento, el caso es que éste relato desvaría, hace aguas y ya hace tiempo que perdió el rumbo, desde el principio para ser exactos. Por eso me termino el café y me centro. No me centro porque me tome el café, sino que me tomo el café y después, sin que el café tenga nada que ver en el proceso, me centro. Porque centrarse es un proceso cachazudo y arduo, lento y trabajoso si se quiere, ya que, de la dispersión del ser, como canicas tras haberse derramado del bote, se debe pasar al recogimiento, como le digo yo a mi niño después de haber estado jugando en su cuarto y haberlo dejado todo empantanado, cada cual ha de recoger sus canicas.

Pero ahora que lo pienso, ¿qué sea eso que llamamos ‘centrarse’, o ‘recogerse’, cuando acabamos de decir que relatábamos como nómadas sin rumbo y con destino a ninguna parte?. ¿Será ‘centrarse en la nada’, dejar la mente en blanco, como aconsejan las lecturas budistas?. Pero yo soy Español, con tímida pero orgullosa mayúscula, y esto es España, aquí sí es obligada la mayúscula, y en éste país lo más parecido que tenemos a los budistas son nuestros políticos, ya que no se centran en nada, quizás por querer abarcarlo todo.

Los políticos aspiran a que los vean como Españoles cuando la verdad es que solo son españoles. La especie política, emulando a mi amigo Félix, es acomodaticia por naturaleza, pasan periodos de cuatro años incubando los huevos en sillas giratorias de piel fina, que ya quisiera yo una para ponerla en sustitución de ésta mía, vieja y herrumbrosa, que me da dolor de trasero de lo dura que es, se tocan las narices, continúo con los políticos, y pegan sus mocos bajo la mesa del despacho. Son trepas por instinto y se encaraman con facilidad a las ramas más elevadas, despojando de su hábitat a otras especies de la oposición. Si tienen que predar, predarán, lo harán, pueden llegar a ser despiadados, utilizan tácticas muy elaboradas y eficientes, y no dudan en engañar, mentir, espiar, inventar o calumniar para conseguir sus objetivos. Hay que tener un pellejo muy duro para poder albergar a un político.

Y aprovechando que la más Prada siempre será Ágata, otros que utilicen el Pisuerga, hemos de decir, para ir rematando, que si levantamos la vista hacia el Sol nos cegará momentaneamente, pero si conseguimos aguantar la mirada el tiempo suficiente nos quemará las retinas y nos quedaremos ciegos, ésto es una verdad como un templo de grande, aunque será mejor que no lo intenten constatar en sus propias carnes. Dios no creó el Sol para que lo mirásemos, lo puso ahí para que nos alumbrara y nos diera calor. Para mirar ya nos dio Redtube, que además vale para hacerse buenas pajas, y nosotros le dimos a las moscas una bombilla llena de mierda sujeta a un miserable casquillo. Ya nos vale. No nos hubiera costado nada apretar las teclas oportunas y haberles ideado un hábitat adecuado, al gusto de las moscas. Deberíamos, ya que nos daba exactamente igual, haberlas situado encima de una mierda, la mierda más grande y jugosa del universo. Sería una mierda de elefante, o de ballena, que es mayor que la del elefante, y la gran mierda estaría ubicada en un vertedero de basura de cinco tenedores y trece estrellas, si es que está permitido abusar de ésta manera de la imaginación. Así, dejando bien situadas a las moscas sería mas fácil ponerle fin al cuento y podríamos escribir que fueron felices y comieron desperdicios, de conejo y también, como no, de perdices.

Pero en el relato nómada cabe de todo, porque de todo se encuentra uno por el camino, es como un pozo sin fondo que no se puede llenar, como cuando un amigo se va y algo se le muere en el alma. Pero igual que viene, se va el nómada del lugar, dejando tras de sí su característico aroma, que no es otro que la libertad que le otorga el saberse libre, el poder eruditar como vomitan otros, el vomitar como un erudito.

Hasta pronto nómada, cabrón.

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2 respuestas a Relato nómada.

  1. 3vairado dijo:

    así que “ménage à trois”con las moscas!!!! y así muy facil centrarse=ponerse en el centro=ser la bombillha de las moscas… pero si a las moscas le gusta la m…

  2. ecce hommo dijo:

    La vida es así de complicada, jeje, que le vamos a hacer.Un abrazo.

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