Puliendo.

Mortimer estaba terminando de pulir el féretro. En una mano sostenía un bote de abrillantador marca “Charol” y en la otra un paño suave de algodón sin teñir. Hacía una mañana calurosa, demasiado para principios de Junio. Mortimer notó como una gota de sudor le resbalaba por la frente. El verano se estaba adelantando un poco; algo tendría que ver el cambio climático, el calentamiento global, la herida y mutilada capa de ozono, y la suma de algunas causas más. Mientras pulía el robusto ataud, hecho de nobles maderas provenientes de alguna tala indiscriminada en algún bosque en peligro de extinción, Mortimer aprovechaba el tiempo para meditar acerca del ‘Nosce te ipsum’ que le susurraba el oráculo de Delfos al oído al rebelde Sócrates, el irónico preguntón.

Mortimer se relacionaba de tú a tú con la muerte todos los días, a veces varias veces al día, e inevitablemente pensaba a menudo en ella, y en la suya. Para Mortimer la muerte era la libertad espiritual, el fin de la esclavitud de la carne, era el final de un largo viaje plagado de aventuras y desventuras, de un aprendizaje que culminaba su recorrido fundiéndose con el Universo, al igual que un río cuando llega al mar y se fusiona con el océano, para ser uno sólo y descansar en paz en ese abstracto lugar que sea el Todo, donde no se convivirá ya con ésta humanidad insatisfecha de su mundo moderno, donde habrá armonía y deberá haber silencio. Todo río es aprendiz de mar, desde que nace en las montañas hasta que llega a su destino el río no hace más que aprender a ser mar, pensó Mortimer.

Mortimer estaba empezando a sudar por las axilas, así que dejó el paño y el bote dentro del ataúd que estaba puliendo, se quitó la corbata y la chaqueta negra del uniforme funerario y las dejó en el respaldo de una vieja silla gastada de tanto acomodar posaderas, entonces remangó su camisa hasta que la doblez quedó a la altura del codo. Hecho ésto se encendió un cigarro.
La primera calada fue muy profunda. Mortimer exaló el humo lentamente por la boca y por la nariz a la vez. El humo se elevó formando una tenue nube blanca a su alrededor, sobre su cabeza. Cuando su mano se elevaba para acercar de nuevo el cigarro a la boca, antes de dar la siguiente calada, una imagen cruzó veloz su mente, fugaz, sólo le dio tiempo de verle la espalda, pero con eso fue suficiente. Mortimer tiró el cigarro al suelo, lo pisó y decidió no volver a fumar jamás. Si su mujer y su hija estuviesen vivas nunca le hubiesen dejado caer en ese feo, nocivo y adictivo vicio. Tal fue la esquiva imagen que Mortimer vio de refilón.

Los pensamientos seguirán demandando esa dosis nicotinosa en determinados momentos y lugares, pensaba Mortimer, sobre todo tras el primer café y antes de entrar al baño. Pero sus manos ya no acercarían más pitillos a los labios, como veinte veces al día, o más, lo hacía antes, cuando actuaba de chimenea, liberando humos por todos los orificios conectados a los pulmones. Si verborrea fuese el humo que soltaba en un día diríais que fumaba hasta por los codos.

Sintió como el cuerpo, poco a poco, se le agotaba en el intento, sudoroso y jadeante, impotente ante la falta de aire, débil de cuerpo y de-mente y se reafirmó en su acertada decisión. Más tarde se apuntaría a un gimnasio para volver a recuperar lo que había perdido.

Mortimer no hizo caso ni a su cuerpo ni a sus pensamientos. Mortimer se vio como un cuerpo con pensamientos, como un pellejo parlante, y se observó desde lejos y desde dentro, y acabó haciéndole gracia todo aquello, porque desde esa posición neutral nada parecía ser complicado, nada costaba esfuerzo, todo rodaba suave.

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5 respuestas a Puliendo.

  1. El bueno de Mortimer, ese gran tipo que entre la neblina del huno, ha visto la luz. Ese funcionario de excarcelaciones, que mejor ajusta su reloj biológico a su salida de prisión, era un uniformado del barniz y el trapo, del coche fúnebre y el tenga un pañuelito de papel. Todo un personaje con autor y con papel.Saludos.

  2. ecce hommo dijo:

    Mortimer siempre ha sido mi ojito derecho, es mi niño mimado. Todos tenemos una debilidad inconfesable que acaba revelándose…Saludos sureño amigo.

  3. Vanity dijo:

    tremendamente descriptivo. Te imaginas al tío bastante solo, un poco alejado de todo. No infeliz del todo pero carente de muchas alegrías.me ha caído bien, a pesar de todo.SAludos

  4. ecce hommo dijo:

    Es que, amigo Vanity, Mortimer ha sufrido mucho en la vida. Pero no está tan carente de alegrías como a simple vista parece. Su alegría es muy sutil y subyace a la vista de la mayoría. Es otro tipo de alegría; la suya está más allá de esa alegría mundana, antojadiza y cambiante. Mortimer es un buscador de cielos amplios, poco frecuentados, vírgenes a ser posible, sin humos viciados que aneguen la amplitud de mirar más allá del horizonte conocido.Un saludo.

  5. Pasé a conocerte, y agradecerte la visita!!Trabajé en una funeraria, no lustraba los ataúdes, por suerte, pero es cierto que al estar en contacto con el dolor te hacés inmune. No fue mi caso, me dolían las lágrimas ajenas, será que no podía superar mis propias pérdidas, y ese no era el trabajo ideal. Me identifiqué por ese lado con Mortimer. Me tocó quedarme noches, con los mitos fantasmagóricos, pero jamás vi ninguno. Cigarro y café, también otra similitud (solo me quedó el gusto del café, el pucho ya fue).Muy bueno, te sigo!!!Te dejo un abrazo!!

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