No hay futuro para los hijos de los hombres.

Unos hablan de arreglar este sistema, otros de cambiarlo por otro sistema, luego están los antisistema, que también quieren un cambio, y están, como no, los que no quieren que este sistema agónico muera y siguen dando la vida por él. Aparte, están los que controlan y dirijen el sistema y a todos los que dentro de él se encuentran.
Está claro cual es el problema, la incógnita a resolver y que por todas partes se repite es el Sistema.

El sistema, cualquier sistema, está predestinado al fracaso. Más tarde o más temprano los sistemas han terminado cayendo.
Está claro que si no terminamos con los sistemas, los que sirven y controlan los sistemas terminarán acabando con nosotros, como rezaba un cartel del 15M en Sol: “Nosotros no somos anti-sistema, el sistema es anti-nosotros”.
La lucha es contra los sistemas todos. Ni sirven, ni nos ayudan, ni nos hacen falta.

Este sistema es piramidal, injusto y advocado al fracaso. Nos arrastra a un pozo sin fondo y nos ahoga mientras caemos al vacío.

Este sistema no tiene un objetivo acorde a lo que el pueblo necesita para desarrollar sus potenciales, no nos permite alcanzar el bienestar necesario para  llevar una existencia plena y humana.

Se necesitaría un no-sistema horizontal, acorde con nuestra verdadera naturaleza, donde todos somos uno, donde nadie es más persona que otra, donde todos merecemos lo mismo por el hecho de haber nacido en este planeta, donde todos tenemos los mismos deberes y obligaciones de  amar y ser amados.

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La libertad solo es necesaria para los presos, el resto vivimos en un eterno presente. Solo en el presente se puede, y se debe, crear algo consistente. Sin prejuicios del futuro, sin lastres del pasado. El presente es nuestra fuerza, en él podemos solucionar los problemas e inconvenientes que vayan surgiendo hasta que espabilen los rezagados.

Cuando uno quiere vivir despierto solo puede vivir en el presente. Todo lo demas es maya, ilusión pasajera.

Cuando se vive despierto y la consciencia es guia, el camino del egoismo se desvanece poco a poco y también las ganas de ejercer enfermizamente poder sobre otros, porque comprendes que el mayor poder es darle el verdadero poder a los demas.

El poder más grande es el amor y sabes que si das amor, recibes amor. El amor es un ingrediente imprescindible en esta ecuación, y cultivarlo una de las mayores empresas que una persona puede realizar en la vida.

Es necesario el cambio de paradigma, no de sistema, y es posible conseguirlo, pero solamente desde la transformación interior de cada persona.

El mundo puede cambiar, pero cuando cambiemos nosotros.

Un cambio universal sería una consecuencia, un efecto de la transformación interior que debe experimentar cada individuo.
Sin ese cambio, sin esa evolución del alma, no hay futuro para los hijos de los hombres.

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